La siguiente anécdota la escuché alguna vez, de aquel animado grupo de "compone pueblo" que se reunían en el café del Mono Gil, en el zócalo rojo del Che Palacios. Es una historia que alude claramente a la manera de ser del Alvaradeño. No importa el puesto, no importa el glamur, lo importante es ser abierto, dicharachero, hablar con la verdad a flor de piel y hacer del más grande de los problemas o agravios una razón para reír, para divertirse y para ver con optimismo el siguiente instante de vida.
Sea pues la siguiente anécdota un tributo a esa manera de ser.
Cuentan que, siendo alcalde Don Efrén Hernández Vera, y contando Alvarado con la fama de ser cuna de la reforma educativa, llegó al pueblo un funcionario de la secretaría de educación pública, con la tarea de verificar los avances de la misma. Como era el estilo de aquella época, el funcionario tomó camino hacia el palacio municipal para rendirle los honores y la pleitesía debida al Presidente Municipal en turno.
Al ir atravesando el zócalo, distinguió a un grupo de niños jugando canicas en los jardines. Decidió cumplir de inmediato con su tarea, comprobando de primera mano el que la mentada reforma era efectivamente un éxito. Calculó la edad de aquellos chiquillos en los 8 años y decidió ponerlos a prueba en la lectura del reloj.
Llamando la atención de los niños y señalando al hermoso reloj londinense del palacio municipal, preguntó:
-¿Niños, quien de ustedes puede decirme qué hora es en el reloj?
-¡¡FLATA UN CUARTO DE HORA PARA QUE VAYA A CHINGAR A SU MADRE!!
Anonadado es lo menos que quedó aquel cumplido funcionario del gobierno. Ante la impotencia de decir nada y rojo de furia, encaminó nuevamente al palacio municipal y, ya instalado frente a la oficina de Don Efrén, exigió con voz alzada, hablar con el edil.
Los gritos llamaron la atención del alcalde, quien saliendo a la sala común pregunta que sucede.
-¿Que va a suceder mi alcalde?, nada, que unos niños que juegan en el zócalo me mentaron la medre, eso es lo que pasa.
El visitante no deja de gritar, no baja la voz.
-Pero mi amigo, calma, veamos que sucedió
-Pues sucedió lo que le digo, alcalde, unos niños me recordaron a mi mamá.
-Salgamos al balcón, muéstreme que niños.
Ante la mesura en el actuar del alcalde, el funcionario encontró algo de calma, y acompañando a don Efrén, salió al balcón y localizó a los infantes.
-Esos, esos son don Efrén, esos niños me la mentaron.
-Calma amigo.
-Pero, don Efrén, como voy a tener calma.
-Dígame exactamente que pasó.
-Ya le digo esos chiquillo me mentaron la madre.
-Pero así nada más, usted les habrá hecho algo.
-Nada, don Efrén, no les hice nada, les pregunté qué hora era en el reloj y me contestaron que ¡¡faltaba un cuarto de hora para irme a chingar a mi madre!!
Mmmmmmm, expresó el alcalde -¿Y eso como a qué hora fue?
-¡¡¡¡Ahorita!!!!, hace como cinco minutos.
-Bueno mi amigo, pues en ese caso, debe usted apurarse, porque ya sólo le quedan poco menos de 10 minutos.
Sea pues la siguiente anécdota un tributo a esa manera de ser.
Cuentan que, siendo alcalde Don Efrén Hernández Vera, y contando Alvarado con la fama de ser cuna de la reforma educativa, llegó al pueblo un funcionario de la secretaría de educación pública, con la tarea de verificar los avances de la misma. Como era el estilo de aquella época, el funcionario tomó camino hacia el palacio municipal para rendirle los honores y la pleitesía debida al Presidente Municipal en turno.
Al ir atravesando el zócalo, distinguió a un grupo de niños jugando canicas en los jardines. Decidió cumplir de inmediato con su tarea, comprobando de primera mano el que la mentada reforma era efectivamente un éxito. Calculó la edad de aquellos chiquillos en los 8 años y decidió ponerlos a prueba en la lectura del reloj.
Llamando la atención de los niños y señalando al hermoso reloj londinense del palacio municipal, preguntó:-¿Niños, quien de ustedes puede decirme qué hora es en el reloj?
-¡¡FLATA UN CUARTO DE HORA PARA QUE VAYA A CHINGAR A SU MADRE!!
Anonadado es lo menos que quedó aquel cumplido funcionario del gobierno. Ante la impotencia de decir nada y rojo de furia, encaminó nuevamente al palacio municipal y, ya instalado frente a la oficina de Don Efrén, exigió con voz alzada, hablar con el edil.
Los gritos llamaron la atención del alcalde, quien saliendo a la sala común pregunta que sucede.
-¿Que va a suceder mi alcalde?, nada, que unos niños que juegan en el zócalo me mentaron la medre, eso es lo que pasa.
El visitante no deja de gritar, no baja la voz.
-Pero mi amigo, calma, veamos que sucedió
-Pues sucedió lo que le digo, alcalde, unos niños me recordaron a mi mamá.
-Salgamos al balcón, muéstreme que niños.
Ante la mesura en el actuar del alcalde, el funcionario encontró algo de calma, y acompañando a don Efrén, salió al balcón y localizó a los infantes.
-Esos, esos son don Efrén, esos niños me la mentaron.
-Calma amigo.
-Pero, don Efrén, como voy a tener calma.
-Dígame exactamente que pasó.
-Ya le digo esos chiquillo me mentaron la madre.
-Pero así nada más, usted les habrá hecho algo.
-Nada, don Efrén, no les hice nada, les pregunté qué hora era en el reloj y me contestaron que ¡¡faltaba un cuarto de hora para irme a chingar a mi madre!!
Mmmmmmm, expresó el alcalde -¿Y eso como a qué hora fue?
-¡¡¡¡Ahorita!!!!, hace como cinco minutos.
-Bueno mi amigo, pues en ese caso, debe usted apurarse, porque ya sólo le quedan poco menos de 10 minutos.
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