IDEAS VAN Y VIENEN TODOS LOS DÍAS, ALGUNAS TRASCIENDEN, OTRAS SE PIERDEN EN EL OLVIDO, TODAS, SIN EMBARGO, APORTAN AL BAGAJE COLECTIVO DE NUESTRA CULTURA.

Abelardo González Zamudio

lunes, 28 de diciembre de 2009

Del Anecdotario de la Generosa: "SAREO Y LA CALUMNIA"

En alguna ocasión en el café Los Moninos, en el hermoso zócalo que engalana el centro neurálgico de Alvarado, en voz de Don Gil "El Mono", escuche la historia que consigna una querella entre Sareo, filósofo popular ya entrado en edad, y un perro de los llamados callejeros. Contó Don Gil que por la mañana, en aquel mercado antiguo de la esquina de las Avenidas Juan Soto y Manuel M Oropeza, donde con posterioridad se ubicó El Canal del Suez, Don Sareo platicaba muy a gusto con diversos personajes del Alvarado de entonces, en su morral descansaban a espera de ser preparado el jugoso bistec del día, sigiloso se acercó uno de tantos perros que sobrevivían de hurgar en la basura de "la plaza", de una sola tarascada, desprendió de la mano del filósofo el morral y degustó las mieles de aquel exquisito manjar. -Eh, can mal agradecido, así pagas las veces que has saciado de mi mano tu hambre- Los asistentes a la escena no podían dejar de reír, abundaron las expresiones: -A que Don Sareo, como si el perro le entendiera-, -Sareo, exígele que te devuelva la carne-, -Viejo bruto, como si el perro le entendiera-. Enojado hasta la coronilla, le espeta el filósofo al lebrel: -Me comiste la carne, en venganza, te levantaré un falso que te costará la vida-. Aquel nuevo diálogo con el perro, desató una larga serie de carcajadas en los concurrentes. Como es de entender, aquel señor de reconocida sapiencia se retiró con un muy mal sabor de boca. Pasados algunos días, retornó Don Sareo al mercado, en la carnicería que había sido lugar del hurto, requirió al encargado le vendiera "el bofe del día" -¿Pero va Usted a comer bofe, Don Sareo?, -¡Usted véndame el bofe, que un hombre de palabra debe cumplir con la misma! ¡Démelo así, sin envolver!. Con aquella víscera en el morral, habiendo ubicado al can que había amenazado, se acercó Don Sareo al mismo, y vaciando bicarbonato en polvo sobre la carnada, colocó con descuido el morral en el piso. Más tardó Sareo en hacer la maniobra que el perro en tomar el bofe y saciar su hambre. Producto de bicarbonato, la boca de aquel animal se llenó de espuma y de inmediato, se escucharon los gritos del filósofo: -¡PERRO CON RABIA! ¡PERRO CON RABIA! Bajo una tunda de palos encontró la muerte aquel que osó hurtar el bistec de Don Sareo, quien, consumada la paliza, se dirigió por tercera vez al perro, para a manera de epitafio decirle: -¡Te lo dije, te levantaría una calumnia que te costaría la vida!-

2 comentarios:

Anónimo dijo...

felicidades amigo, es un gusto saber que todavi tenemis gente que no deja en el olvido a nuetsra tierra tan querida y que mejor que recordar a su gente y paisajes con anecdotas tan pintorescas.

Unknown dijo...

La idea es tener un espacio en el que todos podamos aportar y enriqueser para entender el ser alvaradeño