En relación con el comportamiento divinis de la clase política mexicana respecto a los gobernados, Sir. W. Shakespeare haría decir a cualquiera de los presidente mexicanos en el papel de Enrique V: Extraña divinidad la de "los políticos mexicanos", su nacimiento (a la calidad de gobernante) es majestuoso, su vida flota sobre lo ordinario, pero siguen atados a la tiranía de la respiración, como cualquier imbécil.
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